Respira hondo. El pecho sigue pesado.
La historia que miles de chilenos reconocen
Lleva años haciéndolo todo bien. Dejó de fumar hace tiempo, evita el smog, sale a caminar cuando el semáforo ambiental lo permite.
Probó el té de gordolobo hasta que el sabor lo cansó. Probó cápsulas de farmacia y solo le dejaron la boca pastosa toda la mañana.
Y aun así, al subir las escaleras tiene que parar. Al despertar todavía tose flema espesa. Tres escalones. Cinco. A veces ni eso.
Lo más incómodo es esa presión constante en el pecho. Como si alguien le estuviera apretando los pulmones desde adentro. No es dolor. Es peso. Y no se va.
Si sigue así, lo siguiente es el especialista de la ISAPRE o el policlínico de FONASA. Después el inhalador. Después el corticoide. Y nada de eso toca la causa real: sus cilios pulmonares llevan años paralizados, y nadie hasta ahora le había hablado de ellos.